Destruyendo la historia y el arte

Publicado en General por lecumberri | 15 diciembre 2015

 

 

 

Con el paso del tiempo, cada día se valora más todo aquello que tiene historia y sabor, tanto por lo que representa, como por el valor que adquiere en derecho y respeto al autor, coincidiendo además,  que la obra se ha convertido, gracias al paso del tiempo y todo lo que ha visto y conocido, en un testigo mudo de la vida de su ciudad.

En este caso, nos estamos refiriendo a la arquitectura y elementos constructivos, que conforman infinidad de edificios históricos como pueden ser fachadas, comercios, viviendas, edificios públicos, antiguas factorías etc., los cuales están realizados con materiales tan nobles como la piedra, el ladrillo, la cerámica, la cal, el hierro, la madera etc., productos que nos regala la naturaleza en un estado puro y natural, con mínimas emisiones contaminantes, que desaceleran el constante castigo al que estamos sometiendo al planeta. Justo lo contrario de lo que ocurre con la producción de gran cantidad de materiales sintéticos, actualmente muy utilizados en la construcción.

Llevamos varias décadas sufriendo la destrucción y derrumbe de edificios en buen estado de conservación, llenos de detalles, perfectas proporciones y un estilo inmejorable. Tenemos la obligación de conservar tan valiosa herencia, que con tanto oficio como buen gusto, construyeron nuestros antepasados, verdaderos maestros, que con tan escasos medios y de forma muy manual, nos legaron estas obras, que se mantienen en el tiempo como una huella eterna. De esta forma evitaremos que los futuros arqueólogos tengan que adivinar con la brocha y el carbono 14, cómo y para qué se hacían estas construcciones en los tiempos pasados..

Cuando se habla de edificios históricos, no sólo se contemplan los  que cuentan con un siglo e incluso más tiempo, se deben tener en cuenta importantes construcciones de la mitad del siglo XX, muchas desaparecidas y otras modificadas sin respetar su estilo, lo que ha ocasionado lesionar el patrimonio; bien sea porque no existen o por haber sido tratadas de forma inapropiada.

Todo este patrimonio es un gran atractivo para la industria del turismo, uno de los principales motores de ingresos en la actualidad y debemos cuidar que lo siga siendo en el futuro.

¿Por qué Venecia conserva sus obras y edificios? ¿Y el Panteón de Roma de la época de Cristo? Tenemos a Velázquez, Goya, Dalí; escuchamos a Beethoven; nos recreamos con García Lorca; no digamos, Gaudí, con su singular arquitectura; nos admiramos con el Moisés o el Discóbolo, y la Cúpula de Brunelleschi, magníficas obras de distinto género, tangibles o intangibles, que han permanecido intactas a lo largo del tiempo.  Un edificio, también es una obra única, que a veces derrumbamos, cuando en la actualidad no estamos capacitados para su construcción, tanto por coste, como por desconocimiento.

Inexplicable. En los últimos años, nos echamos las manos a la cabeza cuando en las noticias nos cuentan las trágicas destrucciones de los Budas gigantes esculpidos en los acantilados de Bamiyán; las esfinges de Nínive, o el yacimiento arqueológico de Palmira.

Salvando las distancias, de una forma u otra, estamos actuando de igual manera que aquellos a los que criticamos.

Desconocemos por qué hace cincuenta 50 años, se construía con más gusto.  ¿Era el uso de materiales auténticos? ¿Generaban belleza por sí mismos?  ¿Abusamos de los materiales sintéticos? Hoy, a modo de ejemplo, cuando se rehabilita una casa, se estampa cualquier material, que rompe totalmente la nobleza y estilo de la misma, cuando sería posible y conveniente, en un alto porcentaje, quizá del orden del 90%, simplemente reacondicionar lo que ya está hecho de origen.

Cultivar el buen gusto y el trabajo bien hecho es una asignatura pendiente, que enriquece el patrimonio y embellece nuestras ciudades.

Jesús y Francisco Lecumberri, hijos y nietos de carpintero.

 

Publicado en el Boletín de ADEMAN. Diciembre 2015- nº 9 www.ademan.org

miradores de madera

Destruyendo la historia y el arte.

 

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